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jueves, 10 de mayo de 2018

CRUZANDO LA LINEA...EPILOGO CANCIÓN 5




Canción #5

Isabella



Semanas después...


La mano de Edward ha estado entrelazada con la mía desde que lo vi en el aeropuerto el miércoles por la mañana. Creía que no era posible sentir mariposas revoloteando en mi estomago, o que mi corazón pudiera latir tan rápido desde que estamos mucho más allá de “sólo amigos”, pero en el segundo en que sus ojos se encontraron con los míos en la terminal, sentí como si estuviera enamorándome de él nuevamente.

Nos tomó dos días salir de mi apartamento, para estar de acuerdo en pasar algo de tiempo explorando algo que no fuera a nosotros mismos. Aunque había llovido durante nuestra caminata empinada e interminable a través de la región montañosa de Montmartre y habíamos conseguido empaparnos durante un improvisado recorrido de vinos ayer, hoy todo estaba despejado para un viaje a los principales lugares turísticos de París.

—No estás siendo muy buena anfitriona hoy, Bella —susurró en mi oído—. Estuviste muy tranquila por alguna razón.

—Lo siento. —Dejé de caminar y señalé a un enorme edificio de ladrillo a la distancia—. ¿Ves eso? ¿Ese edificio con el reloj de bronce en el marco dorado?

—Sí. ¿Qué pasa con ello?

—Realmente no tengo idea de lo que es, pero es muy bonito ¿no?

—Qué perspicaz. —Sonríe—. Por favor, dime más.

—Aguarda, lo haré. —Saqué mi teléfono—. Voy a buscarlo en Google.

Riéndose, rodó sus ojos. —De acuerdo. Necesitamos ir a la Torre Eiffel.

—¿Ahora? Estarás aquí toda la semana —dije—. Podemos volver para eso luego. Estará bastante concurrido a esta hora de todos modos. ¿Por qué no vamos a las Catacumbas en su lugar?

—Hay un restaurante en el primer piso. Tenemos una reserva allí en dos horas.

Alcé mis cejas. No mencionó nada acerca de una reserva para la cena hasta ahora. Incluso no mencionó querer ir dentro de la Torre hasta ahora.

Como si él pudiera decir que estaba a punto de hacer una serie de preguntas, colocó un dedo contra mis labios.

—Lo explicaré cuando lleguemos. —Observó su reloj—. ¿Deberíamos ponernos en camino ahora?

—Supongo…

Nos abrimos camino a través de la multitud en la plaza, haciendo nuestro camino hacia la enorme estructura metálica que tenían casi todas las postales enviadas a casa.

Después de comprar los boletos, Edward me guió  a un ascensor.
Subió lentamente, pero se detuvo en el segundo piso.

—Debemos de tomar otro para llegar a la cima —dijo, liderando el camino.

—Así que, ¿investigaste de este viaje antes de venir? —Sonreí cuando las puertas del ascensor se abrieron—. ¿Realmente necesitas que te dé un intento de recorrido?

—Sólo he investigado la parte más importante. —Golpeó el botón de la planta superior.

—Odias las alturas, Edward.

—Lo hago, pero quería una vista completa de la ciudad al menos una vez, en caso de no tener la oportunidad de volver.

Me moví más cerca de él mientras más personas subían al ascensor, y antes de que las puertas cerraran, tres personas que insólitamente se veían parecidas a Emmett, Jasper y Alice entraban. Sin embargo, me negaba a creer que en realidad fueran ellos: Alice y Jasper fueron a un viaje por carretera a Luisiana esta semana, y Emmett no toma vuelos que son de más de cuatro horas.

Me giré hacia Edward. —¿Viste eso?

—¿Ver qué?

—Los doppelgangers de nuestros amigos —dije mientras el ascensor comenzaba a moverse—. Te los mostrare cuando salgamos.

Cuando las puertas abrieron, los doppelgangers se fueron por la derecha y me moví para que Edward me siguiera. Los vi junto a la barandilla, pero la persona que caminó hacia mí me robo toda la atención.

No puede ser…

Sacudí mi cabeza y miré hacia la ciudad, al mar de luces parpadeantes para asegurarme de que estaba viendo bien las cosas. Pero cuando regrese la mirada nuevamente, la persona aún seguía ahí. Tan claro como el día.

—¿Mamá? —Me acerqué—. Mamá, ¿eres tú?

—Lo soy. —Me abrazó—. ¿Estás bien? Luces asustada.

—¿Estoy muerta justo ahora?

—¿Qué? —Se rió—. ¿Qué acabas de decir?

—Estoy empezando a pensar que estoy muerta y quedé atrapada en algún tipo de realidad alternativa… ¿Tú de hecho has tomado un vuelo y has venido? ¿Has pasado la seguridad sin romperte por los nervios?

—Lo hice. —Sacó una pequeña caja de Xanax de su bolso y sonrió—.
Esta cosa funciona de maravilla.

—Espera, espera, espera —dije—. ¿Por qué has hecho todo el camino hasta aquí sin decírmelo primero? —Noté a los doppelgangers de Emmett, Jasper y Alice hacer su camino de regreso, dándome cuenta de hecho ellos realmente eran Emmett, Jasper y Alice—. ¿Por qué todos ustedes están aquí, por qué… ¿qué está pasando?

—¿Bella? —El sonido de la voz de Edward me hizo girar—. Bella… —Tomó mi mano derecha y se colocó sobre una rodilla.

Mi mandíbula cayó, y un repentino ataque de mariposas se agitó contra mi estomago más fuerte que nunca.

—Originalmente quería esperar para hacer esto cuando ambos finalizáramos la escuela, pero… —Hizo una pausa, sonriendo—. Ambos sabemos que no tengo el mejor record cuando de ser paciente se trata.


(Doppelganger es el vocablo alemán para definir el doble fantasmagórico de una persona viva.)

Dejé salir una risa nerviosa.

—Incluso escribí lo que quería decir exactamente, cómo iba a decirlo, y dónde estaríamos exactamente cuándo sucediera —continuó—. Pero desde que dejé esa nota en casa y escribir esta absolutamente fuera de cuestión ahora, haré lo mejor por recordar la mayoría de las palabras.

Lágrimas cayeron de mis ojos mientras acariciaba mi mano.

—No necesito reiterar el hecho de que absolutamente te odie cuando te conocí por primera vez, o que estuve genuinamente feliz cada vez que te hice llorar el cuarto grado, pero lo haré si quieres.

Sacudí mi mano, riendo suavemente mientras algunos espectadores escuchaban alrededor.

—Muy bien. —Sonrió—. En algún lugar entre nosotros odiándonos mutuamente, te convertiste el mi primer amigo real, mi primer y único mejor amigo, y no me di cuenta de ello hasta el verano pasado, pero tú de hecho fuiste mi primer todo.

—Fuiste mi primer beso, mi primera cita que de hecho disfrute, y la primera mujer de la que me enamoré… la primera mujer con la cual hice el amor… —dijo—. Y aun eres la única persona con la que puedo hablar veinte veces al día, como sea: vía cartas, correo electrónico, textos, o llamada, y aún siento que no es suficiente.

—Edward…

—Déjame terminar —dijo, poniéndose de pie brevemente para darme un beso antes de regresar al suelo—. He estado enamorado de ti por malditamente casi toda mi vida, y de lo único de lo que me arrepiento es de no aceptarlo rápido.

—Has estado para mí a través de todo, y prometo que continuaré estando allí para ti… aun si estás discutiendo conmigo acerca de las cosas más insignificantes en la vida o no. Incluso me aseguraré de enviarte mi larga, mucho más elocuente versión escrita de esta propuesta, pero realmente no puedo pasar otro día sin tener una respuesta a esto.

Mi corazón latió fuerte mientras él buscaba dentro de su bolsillo.

—Y para el registro, sí: Sí, estoy totalmente consciente de que querrás pasar los próximos años de nuestras vidas con una hoja de cálculo en algún punto de la próxima semana —dijo, irónico, sin esfuerzo, leyendo mi mente—. Y sí, también sé que querrás hacerme un millón de preguntas acerca de esta noche tanto como posiblemente puedas, pero si te sientes de la misma forma que yo… si me amas y en lo único en lo que puedes pensar es acerca de estar conmigo en el futuro, necesito que me respondas primero. Necesito escucharte decirlo. —Sostuvo un brillante, anillo de diamantes—. Isabella Swan, quiero que seas más que una mejor amiga para mí de lo que ya eres, y quiero pasar el resto de mi vida amándote. ¿Te casarías conmigo?

Asentí, sintiendo cálidas lágrimas bajar por mi rostro. Sentí las palabras “sí” en la punta de mi lengua, pero otro comentario vino en su lugar.

—Dawson  fue mi primer beso, Edward —dije suavemente—.
Rachel  fue la tuya.

—No —respondió, sonriendo—. Fuimos nosotros. Créeme.

—Nunca te hubiese besado en quinto grado. Tú aun hacías bromas de mis frenillos.

—Probamos nuestro primer beso con el otro, Bella —dijo—. Sólo no nos gustábamos lo suficiente como para hacerlo contar.

—O no contó, porque no pasó de ese modo. Nunca podría.

—¿En serio? —interrumpió Emmett, dando un paso cerca de nosotros—

. Esa mierda está por encima de todo lo que acaba de decir, trayendo a las personas más cercanas a ti para presenciar este momento, sin mencionar ese brillante anillo, ¿y quieres preguntarle acerca de ese maldito buen recuerdo?

—Cierra la boca, Emmett —dijimos ambos al unísono.

—De cualquier forma… —Edward tomó mi mano y me miró—. ¿Podemos discutir esto después de que me respondas? ¿Puedes decirme si aceptas o no casarte conmigo?

—Ha sido un sí desde que nos conocimos —dije, limpiándome las lágrimas—. Sí, y sabes que no tenías que preguntarme. Nunca te diría que no. Pero si sigues perdiendo esos hechos en tus recuerdos, voy a empezar a preguntarme si empezaras a olvidarte de “nosotros” al final.

—Nunca lo haré. —Se puso de pie, deslizando el anillo en mi dedo mientras me daba un beso—. Pero incluso si lo hiciera, siempre te tendré para que me lo recuerdes.




Fin



(Es en serio esta vez)



(No, de verdad... :-))



AHORA SI CHICAS HASTA AQUÍ CON ESTA BONITA HISTORIA ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO, MUY PRONTO VOLVERÉ CON UN NUEVO PROYECTO ESPERENLO Y MIL GRACIAS.

miércoles, 9 de mayo de 2018

CRUZANDO LA LINEA ...EPILOGO CANCIÓN 4






Canción #4      

Isabella



Miré por la ventana, suspirando mientras una fuerte lluvia caía sobre la ciudad. Había llovido durante toda la semana, y aunque el transporte público funcionaba en un horario retrasado, mis profesores se negaban a ser indulgente con respecto a las tardanzas. En inglés roto, mi profesor de pastelería dijo algo como: “La lluvia afuera no afecta a los hornos en el interior”.

Oh… Por favor, haz que este clima se aligere para mañana…

Después de ver a uno de mis vecinos perseguir a su hijo en los gigantescos charcos, me puse de pie y me acerqué a mi calendario colgado en la pared. Marqué una “X” sobre la fecha de hoy y dibujé mi corazón de siempre cerca del borde del cuadrado. No importaba cuántas veces hiciera esto, la cuenta regresiva para que Edward viniera a verme aún parecía demasiado lejos.

—¿Bella? —Mi compañera de cuarto, de repente entró en mi habitación—. ¿Puedes hacerme un favor mientras estoy fuera esta noche?

—Por supuesto. ¿Qué es?

—¿Puedes hacer cincuenta bolas de una pulgada de masa y congelarlas? Las necesito para la clase de preparación mañana en la noche.

—Sólo si me das una muy buena razón de por qué no puedes hacerlo tú misma.

—No tengo una razón. —Se cruzó de brazos—. Será para pagarme cuando hice lo mismo para ti el semestre pasado. ¿No recuerdas?

Le di una mirada en blanco, pero definitivamente recordaba. En más de una ocasión preparó la masa para mí, cuando mi dolor fue demasiado duro para funcionar fuera del aula.

—¡Me lo tomaré como un sí! —Juntó sus manos—. Te lo contaré de mi cita más tarde, y me dirás acerca del sexo por Skype con Edward? — Sonrió—. ¿Realmente eso les ayuda a lidiar con la distancia? Quiero decir, ¿alguna vez consigues un orgasmo por eso?

—¿Qué? —Sentí mis mejillas enrojecerse—. No tengo sexo por Skype.

—¿No lo haces?

—No, nos limitamos a hablar y ponernos al día. Eso es todo.

—Mmmm. —Se tocó el labio—. Por lo tanto, todos esos gemidos y murmullos de “Edward… Oh dios, Edward” es simplemente tu versión de…

—¿No dijiste que te ibas? —la interrumpí, haciendo una nota mental para mantener mi voz diez veces más baja a partir de ahora—. ¿No deberías estar yendo a donde tienes que estar?

—Lo sabía. —Puso su mano sobre su pecho y me reí—. Dile a Edward que le dije hola cuando sea que llame. Voy a traerte algún postre. ¿Tiramisú?

—Perfecto. —Esperé a que dejara el piso, hasta que realmente la vi alejarse a través de mi ventana antes de tomar a mi portátil y llevarlo a la cocina.

Tan pronto como aplasté el primer lote de masa, una llamada apareció en mi pantalla. Edward.

Pulsé “aceptar” y esperé a que la imagen se aclarara.

—Hola —dije cuando sus ojos se encontraron con los míos, mientras la pantalla se movía arriba y abajo—. ¿Estás caminando?

Asintió. —Me dirijo por el campus para cerrar mis ventanas. Empezó a llover de la nada. ¿Qué estás haciendo?

—Una tarea de compensación. —Levanté un rodillo—. Mi compañera salió esta noche. Hablando de eso, ¿cómo es que nunca me has contado lo ruidosa que soy cuando um… —Le di una mirada de complicidad.

—¿Cuándo qué, Bella? —Sonrió. —¿Qué tipo de mirada estás tratando de hacer en este momento?

—¡Pensé que Emmett inventaba cosas! —dije—. ¿Soy realmente tan ruidosa?

Se rió.

—¡Edward! ¿Lo soy?

—Lo eres. —Todavía estaba riendo—. Sin embargo, no me molesta.

—Por supuesto que no te molesta. —Rodé los ojos—. Gracias por ser un verdadero mejor amigo, y no esperar hasta el último minuto para decirme al respecto.

—De nada. ¿Todavía llueve allí?

—Por desgracia. Me puedes devolver la llamada, ya sabes. Puedo esperar hasta que estás dentro.

—Estoy bien. —Ignoró mi comentario—. ¿Cuánto tiempo estará fuera tu compañera de cuarto?

—Durante toda la noche, probablemente —dije, empujando la masa por encima del mostrador—. ¿Quieres ayudarme a practicar a ser más callada?

—No, en absoluto. —Su cámara finalmente dejó de señalar arriba y abajo—. Quítate la camisa.

Sonreí y lentamente quité mi camisón, revelando un sujetador de color rojo brillante.

Se quedó en silencio por un momento, viéndose como si lo matara no estar aquí, como siempre. —Recoge tu cabello para mí.

—¿Recogerlo?

Asintió, sin decir nada más.

Saqué la banda elástica de mi muñeca y levanté mi pelo en una coleta alta. Entonces le devolví la mirada, esperando sus palabras habituales que hacían esta distancia un poco más tolerable.

—¿Edward? —Le levanté la ceja—. ¿Edward?

Tocó la pantalla, arrastrando el dedo alrededor de los contornos de mi cara. Murmuró algo que no pude oír, pero estaba bastante segura de que parte de ello fue—: Esto es una tortura.

Me aclaré la garganta y moví la mano delante de la pantalla. — ¿Um… Edward? Estoy bastante segura de que esta es la parte donde me pides que me quite el sujetador. —Sonreí, tratando de burlarme de él—. Quítate el maldito sujetador. Esta es la parte, ¿recuerdas?

—No —dijo, todavía trazando la pantalla con los dedos—. Esta es la parte donde te digo que abras tu maldita puerta.

—¿QUÉ? —Di un grito ahogado, sin perder un solo segundo en pensar. Corrí hacia la puerta, casi tirándola cuando la abrí.

No tuve la oportunidad de saludar.

Los labios de Edward estaban en los míos en cuestión de segundos, y mis piernas envueltas alrededor de su cintura.

—No podía esperar —dijo contra mi boca—. No podía jodidamente esperar. —Me besó con más fuerza, impidiéndome decir una sola palabra—. ¿Dónde está tu habitación?

Señalé a la izquierda y apretó mi culo mientras me llevaba por el suelo. Tan pronto como pasamos el marco de la puerta, me tiró sobre la cama. Manteniendo sus ojos en los míos, sacó su cartera y la puso sobre la mesita de noche.

—Te jodidamente extrañaba tanto, Bella. —Las palabras salieron roncas mientras se quitaba la ropa mojada—. No tienes ni idea…

—La tengo. —Tragué en lo que subía encima de mí, mientras presionaba sus labios contra los míos.

—Aún tomo el camino más largo por tu casa por costumbre — susurró, desabrochando mi sujetador—. Y tengo una terrible tendencia a pedir para dos cuando estoy solo.

Gemí mientras dejaba un rastro de besos húmedos a través de mi pecho.

—Y aún así… —Pasó suavemente su lengua contra mis pezones—. Aún consigo dormir un poco cuando no estás allí. —Me miró—. Vamos a tener que volver a hablar de nuestro acuerdo de larga distancia después de esto.

—¿Después de qué?

No contestó. Me dio la vuelta sobre mi estómago y frotó las manos contra mis costados.

Besó un camino por mi espalda, susurró lo mucho que me extrañaba, cuando deseaba estar dentro de mí.

Antes de que pudiera cerrar los ojos, levantó mi culo al aire y lentamente apretó su polla contra mi hendidura.

Fue suave al principio, acariciando mi piel mientras se deslizaba lentamente en mí pulgada a pulgada, mientras se retiraba antes de enterrarse por completo. Una y otra vez. Pero a medida que mi cuerpo se amoldaba al suyo, mientras empezamos a encontrar nuestro ritmo, me agarró rudamente y embistió hasta que no pude dejar de gritar.

—Edward… —Me mordí el labio mientras me agarraba del cabello y tiraba de mí hacia atrás—. Edward…

—¿Sí? —Aceleró sus embestidas—. ¿Sí, Bella?

—Oh… Oh Dios…

—¿Sí, Bella? —repitió, mordiendo mi hombro.

Mis dedos se aferraban a las sábanas y todos los músculos dentro de mí se tensaron. Mis piernas empezaron a temblar, y de inmediato se retiró de mí y me dio vuelta.

Colocándome sobre mi espalda, se deslizó en mí una vez más mirándome directamente a los ojos.

—No cierres los ojos —dijo, presionando su frente contra la mía— . Déjame verte.

Asentí, gimiendo mientras me besaba.

—Te amo —dijo, sosteniendo mis caderas—. Te amo más que a nada, Bella.

—Te… Te amo, también. —Al segundo en que esas palabras salieron de mi boca, reanudó su ritmo, follándome como si fuera la última vez que volveríamos a vernos.

Clavé las uñas en su piel, tratando de controlar el ritmo, pero lo perdí por completo. Grité cuando de repente los temblores azotaron por mi cuerpo, diciendo su nombre más fuerte de lo que nunca había hecho antes.

Mantuve mis ojos abiertos lo suficiente para verlo alcanzar su propio orgasmo segundos más tarde, y los dos quedamos entrelazados, mientras nos calmábamos.

Cuando finalmente recuperé el aliento, lo miré a los ojos. —¿Cuándo compraste tu boleto?

—Hace dos semanas. —Sonrió, moviéndose a mi lado—. Fue una tortura ocultártelo.

—Así que, ¿cuánto tiempo vas a estar aquí exactamente?

—Precisamente hoy y mañana. Tengo que volar de regreso domingo, así llegaré a clase de impuestos el lunes por la noche.

—Pero todavía volverás por una semana y media, ¿no?

—Sí. —Me besó en la frente—. Esto fue sólo algo del momento dado que iré a mi clase más difícil.

—Está bien así… —Toqué su pecho—. ¿Quieres hacer algo mañana, entonces?

—¿Algo como qué?

—¿Turismo, tal vez? —Me encogí de hombros—. Podría llevarte a la ciudad y mostrarte las cosas habituales de turistas, la Torre Eiffel, el Museo del Louvre, el Chateaux de Valle del Loira.

Me dio una mirada en blanco. —Isabella, he estado en un avión durante la mayor parte del día de hoy, y sólo tengo un día completo aquí contigo.

—¿Por lo tanto, es eso un no a hacer turismo mañana?

—Es un infiernos no a hacer turismo mañana. —Una sonrisa se extendió lentamente en sus labios—. Pero podemos hacerlo cuando vuelva en unas pocas semanas.

—Está bien… Podemos hacerlo cuando vuelvas dentro de algunas semanas.


—Mientras tanto… —Se rió y me tiró encima de él—. ¿Hasta cuándo tu compañera realmente estará fuera esta noche?


Aqui les dejo estos dos capítulos y ahora si mañana el gran final.

CRUZANDO LA LINEA...EPILOGO CANCIÓN 3




CHICAS QUIERO PEDIRLES UNA DISCULPA PERO SE ME COMPLICO LA SEMANA Y ADEMAS MI ARCHIVO ESTABA DAÑADO CUANDO ESTABA TERMINANDO DE EDITAR EL QUE YO CREIA QUE ERA EL FINAL RESULTO QUE ESTABA INCOMPLETO FALTABAN DOS CAPITULOS MAS ESPERO QUE ME DISCULPEN MIL GRACIAS.



CANCIÓN 3

Seis semanas pasaron

Edward


Asunto: Sincronización.

¿Enviaste deliberadamente esas fotos mientras estaba en horas de estudio con Tanya?

Sinceramente,

Edward


Asunto: Re: Sincronización.

¿Qué? ¿Qué fotos?

Confundida,

Isabella


Asunto: Re: Re: Sincronización.

Sabes exactamente a qué fotos me estoy refiriendo, Bella… Las que acabas de enviar hace una hora.

Para que conste, no me estoy quejando. De hecho, están realmente haciéndome reconsiderar la espera de ciento veintiséis días para volar a verte.

Hablo contigo más tarde esta noche.

Sinceramente (excitado),

Edward




Asunto: Re: Re: Re: Sincronización

Oh, ya entiendo… ¿Tal vez, te refieres a mis fotos desnuda? :-) No creo que las enviaría a propósito durante tus horas de estudio con Tanya. Quiero decir, sobre todo desde que me dijiste la hora exacta en que ustedes normalmente se reúnen durante la semana. No desearía interrumpir eso. :-) Ciento veinti *cinco* días, Edward. ¿Cuántas veces tenemos que pasar por esto?

No puedo esperar.

Sinceramente (Deseando que Pudieras Venir Antes),

 Isabella



Querido Edward (¡EMMETT!)

¿De verdad crees que no conozco la letra de Edward después de todos estos años? ¡ ¡¿¿De verdad crees que ALGUNA VEZ me enviaría una carta diciendo: “Estoy muy contento de haber escuchado a Emmett acerca de ti. Estaba tan en lo correcto sobre mí de estar follándote un buen rato y (TU) enamorándote de (MI). Esa es también la razón por la que Emmett siempre será mi número uno. Porque tuviste un muy largo y egoísta momento, pero Emmett SIEMPRE ha sido leal??!!”

¡Crece de una puta vez!

Y aprender a escribir una oración apropiada. (¿No estás en la escuela de derecho?)

Isabella




Querida Isabella (¡DOLOR EN MI CULO!)

Por supuesto que estoy consciente de que conoces la letra de Edward, pero desde que ya no hay tiempo que perder discutiendo cosas que sabes, aquí están algunas cosas que no: Tus interminables llamadas telefónicas y sesiones de Skype (sobre todo tus carcajadas e incesante balbuceo sobre absolutamente nada: “Oh, Dios mío, Edward… te extraño tanto, Edward… Esta distancia esta matándome cada día”) me han mantenido despierto cada maldita noche durante SEMANAS. ¿Es demasiado para ustedes volver a sólo enviar cartas y correos electrónicos?

Creo que me gustabas más cuando no estabas hablando con él.

Crece primero.

Definitivamente aprenderé a escribir una oración adecuada, de alguien que no comienza sus propias frases con la palabra “Y”.

Emmett


Asunto: Aplicación de Skype.

Querida Isabella,

No estoy seguro de lo que podría haberle pasado a mi aplicación entre anoche y hoy, pero no funciona. En absoluto. Ni siquiera puedo volver a instalarlo por alguna razón. No voy a ser capaz de tener mi portátil desbloqueada hasta la próxima semana, pero voy a utilizar la computadora de Emmett para verte esta noche.

Sinceramente,

Edward




Asunto: Re: Aplicación de Skype.

¡¡¡BUAJAJAJAJA!!!

Isabella


Cerré el más reciente email de Bella y comprobé el seguimiento del más reciente paquete que había enviado. En noches como esta, era como si nunca hubiera dejado la playa, como si estuviera a segundos de caminar a través de mi puerta principal.

Durante las últimas semanas, una nueva, reconfortante rutina se había desarrollado entre nosotros. En lugar de nuestros encuentros usuales de fin de semana, había emails temprano en la mañana. En vez de largos mensajes de texto, hubo largas discusiones por imágenes: me enviaba sus húmedas y lluviosas costas y a cambio le enviaba playas de arena blanca, y le daba atisbos de momentos con Emmett, Jasper y Alice mientras ella me mostraba sesiones de karaoke al azar con su compañera de habitación.

Hablamos por horas cada noche, nunca quedándonos sin cosas que decir. Y a pesar del hecho de que ambos teníamos toneladas de trabajo por hacer, nunca perdimos un día.

Luego de confirmar que mi regalo sin duda le llegaría este fin de semana, me dirigí escaleras abajo.

—¿Has hablado con tu esposa esta noche? —preguntó Emmett mientras me ponía de pie frente al televisor—. Si es así, bravo. Apenas escuché su conversación esta vez.

—¿Has pasado de “novia” a esposa ahora?

—Podría también —gruñó—. Dudo que alguna vez te cases, y mucho menos salgas con alguien más.

Puse mis ojos en blanco. —Necesito tu computador portátil.

—¿Para qué?

—Sabes para qué demonios. —Traté de alcanzarla—.Mi aplicación de Skype misteriosamente dejó de funcionar hoy. ¿Alguna idea de cómo jodidamente eso pasó?

—No, pero te he dicho que cosas al azar pasan en esta casa. — Sonrió con satisfacción—. Te lo dije hace mucho tiempo.

—Dame la maldita computadora, Emmett.

Riéndose, me la entregó de mala gana. —Te juro que no trataba de matar completamente tu aplicación de Skype. Solo trataba de arruinarla así nunca serías capaz de usarla de nuevo.

—¿Escuchaste realmente lo que jodidamente acabas de decir?

—Lo hice. —Se rió aún más fuerte—. Espera, antes de que vuelvas arriba. Necesito tu consejo en algo.

—Sí, tu gusto en ropa es terrible. ¿Eso es todo?

—No. —Puso los ojos en blanco—. Creo… —Se detiene—. Creo que realmente podría gustarme alguien. Más que un “gustar normal”, también.

—Lamento escuchar eso —dije—. No eres realmente mi tipo.

—¿En serio? —Se cruzó de brazos—. ¿Acaso alguna vez me puse sarcástico contigo cuando estabas deprimido por Isabella? ¿Cuándo llorabas como un maldito niño cuando cada mujer en esta playa estaba dispuesta a darte su coño y estabas demasiado ciego para verlo?

—Así no es como eso pasó. —Me rehusé a entretener sus recuerdos deformados aún más—. Muy bien, te gusta alguien. ¿Este alguien tiene un nombre?

—No lo tiene —dijo—. Esa es su mejor cualidad. Sin embargo, no creo que sea consciente de que en realidad me gusta más allá de lo que está sucediendo actualmente. Solo hay mucho más de esta mierda de solo amigos de lo que puedo soportar, ¿sabes? No soy tú.

—¿Hay una pregunta en camino? —pregunté—. ¿O esta es una sesión de ventilación emocional?

—Necesito tu consejo para ayudarme a averiguar cómo salir de la zona de amigos. Preferiblemente para el final de la semana, este mes a más tardar. Podemos discutirlo el sábado. —Tomó un par de audífonos y metió uno en su oreja—. Bueno. Te he dicho lo que pasa. Puedes irte ahora.

—¿No quieres mi consejo justo ahora?

—No mientras creo que en realidad puedo dormir un poco. Quisiera tratar antes de que pongas Skype. —Puso el otro audífono en su oreja y se dio la vuelta en el sofá.

Estuve tentado de sentarme en la cocina, para pagarle de vuelta por haber arruinado mi aplicación, pero decidí no hacerlo. Apagué las luces y me dirigí de vuelta a mi habitación, abriendo la computadora en el mismo segundo que la llamada de Bella llegó.

—Hola —dije.

—Hola. —Sonrió—. ¿Cuánto tiempo crees que puedes quedarte esta noche?

—Tanto como me necesites.

—Bien —dijo, mirando en la cámara—. He tenido un día muy largo.

—¿Peor que el jueves pasado?

—Mucho peor que el jueves pasado. —Suspiró—. El chef líder me humilló enfrente de todos. Aunque fue la única vez que había llegado tarde, dijo que estaba dándome una nota de cero automáticamente por el día.

—Lo siento.

—No lo hagas. —Sus labios se curvaron en una pequeña, sexy sonrisa—. Dos horas después, volvió a la cocina y se disculpó. Dijo que solo estaba temporalmente decepcionado de mí, pero que aún pensaba que era la mejor en la clase. También me ofreció dos días libres adicionales para el inicio del semestre dado que siempre trabajo muy duro.

—¿Estás planeando usar esos días extra para venir a casa?

—No exactamente. —Su sonrisa se amplió—. Los usaré la misma semana que vienes aquí. De esa forma, puedo incluso esperarte en el aeropuerto.

—¿De nuevo, cuantos días nos quedan?


—Demasiados…